El Siervo Sufriente
Jueves santo: Su última cena
Hoy entramos en lo que solemos llamar en los países hispanos el jueves santo de la semana pascual. Jesús buscará un lugar para cenar con sus discípulos y dará el inigualable, grandioso y estimulante discurso de Juan 13-17 a los once que permanecieron con Él. Para conmemorar esta fecha, escogí publicar mis notas realizadas en Isaías 53. La nota de hoy será de carácter introductorio al pasaje.
“Miren, mi siervo prosperará; será muy exaltado. Pero muchos quedaron asombrados cuando lo vieron. Tenía el rostro tan desfigurado que apenas parecía un ser humano, y por su aspecto, no se veía como un hombre. Y él alarmará a muchas naciones; los reyes quedarán mudos ante él. Verán lo que no se les había contado; entenderán lo que no habían oído hablar…” (Isaías 52:13-15 NTV),
Este es el ultimo canto del Siervo de Yahvé en la segunda sección del libro de consolaciones de Isaías. En los cánticos anteriores aprendimos sobre el carácter del Siervo, Su misión para las naciones y el llamado de Yahvé desde la eternidad. Este último se enfoca en los sufrimientos vicarios, sanadores y redentores del Señor Jesucristo.
Este capítulo es la joya de Isaías, el tesoro del Nuevo Testamento y la perla de la Biblia. Muchas veces pensamos que las referencias más claras y profundas sobre los sufrimientos de Jesucristo se encuentran en las epístolas, pero en realidad esta es una de las porciónes más cristocéntrica de toda la Escritura y está en el Antiguo Testamento (1 Pd 1).
El canto del Siervo sufriente podemos ordenarlo de varias maneras para beneficio nuestro:
Primero habla Dios sobre Su Siervo (52:13-15); después habla la humanidad sobre el Siervo (53:1-10); finalmente vuelve a hablar Dios sobre Su siervo (53:11-12).
La preeminencia del Siervo (52:13-15); la persona del Siervo (53:1-3); la pasión del Siervo (53:4-6); la pasividad del Siervo (53:7-9); la porción del Siervo (53:10-12) [Biblia de estudio Ryrie].
La Ascención y exaltación de Jesús (52:13-15); el nacimiento de Jesús (53:1-3); la crucifixión de Jesús (53:4-6); la sepultura de Jesús (53:7-9); la redención consumada por Jesús (53:10-12) [este sería un acercamiento más teológico al texto].
Una de las tantas verdades que podemos aprender de este precioso capítulo es que sin sufrimiento no hay gloria. Jesús, antes de ser coronado de gloria fue coronado de espinas. Sin cruz no hay trono, sin muerte no hay vida eterna. El camino del Calvario es uno de humillación y muerte al ego. La clave de la victoria está en el sometimiento completo a la voluntad del Padre y la confianza absoluta a Sus providencias angustiosas.
También aprendamos que no siempre la regla de la siembra y la cosecha se debe aplicar a las personas que sufren. A nuestros ojos cuando un individuo prospera decimos: “Dios lo bendice porque le agrada”; pero cuando un individuo pasa situaciones punitivas decimos: “Dios lo castiga porque pecó”. Sin embargo ese pensamiento humanista no se aplica en cada caso del sufrimiento humano, por ejemplo: Job, José, David, Daniel. A Jesús lo tuvimos por desechado del Padre, pero en la hora de cruz permanecía siendo perfectamente obediente, inocente, santo y complaciente al corazón de Dios.
En medio de la Santa Cena, Judas abandonó a Jesús para ir tras los líderes espirituales con el propósito de entregarlo por treinta piezas de plata. Pero la traición sobre el Siervo sufriente fue infundada, incoherente e inexcusable.

